Martín Lutero fue un monje que vivió hace más de 500 años.
Él amaba mucho a Dios, pero pensaba que debía hacer muchas cosas buenas para ser perdonado.

Un día, mientras leía la Biblia, descubrió algo maravilloso:

La salvación no se compra ni se gana con dinero o buenas obras, ¡es un regalo de Dios por medio de Jesucristo!

Eso lo cambió todo!!!

Lutero escribió sus ideas en un papel con 95 frases y las puso en la puerta de la iglesia para que todos lo supieran.
Así comenzó la Reforma Protestante, para que la Biblia y la verdad de Jesús llegaran a todo el mundo.

¿Quieres conocer esas 95 frases que escribió Lutero?

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Taller La Reforma de Martín Lutero

LAS 95 TESIS
MARTÍN LUTERO, 1517

Por amor a la verdad y en el afán de sacarla a luz,
se discutirán en Wittenberg las siguientes proposiciones
bajo la presidencia del R. P. Martín Lutero,
Maestro en Artes y en Sagrada Escritura y
Profesor Ordinario de esta última disciplina en
esa localidad. Por tal razón, ruega que los que no
puedan estar presentes y debatir oralmente con
nosotros, lo hagan, aunque ausentes, por escrito.
En el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

  1. Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo
    dijo: «Haced penitencia…», ha querido que
    toda la vida de los creyentes fuera penitencia.
  2. Este término no puede entenderse en el
    sentido de la penitencia sacramental (es
    decir, de aquella relacionada con la confesión
    y satisfacción) que se celebra por el
    ministerio de los sacerdotes.
  3. Sin embargo, el vocablo no apunta solamente
    a una penitencia interior; antes bien,
    una penitencia interna es nula si no obra
    exteriormente diversas mortificaciones de
    la carne.
  4. En consecuencia, subsiste la pena mientras
    perdura el odio al propio yo (es decir, la
    verdadera penitencia interior), lo que significa
    que ella continúa hasta la entrada en el
    reino de los cielos.
  5. El Papa no quiere ni puede remitir culpa
    alguna, salvo aquella que él ha impuesto,
    sea por su arbitrio, sea por conformidad a
    los cánones.
  6. El Papa no puede remitir culpa alguna, sino
    declarando y testimoniando que ha sido
    remitida por Dios, o remitiéndola con certeza
    en los casos que se ha reservado. Si éstos
    fuesen menospreciados, la culpa subsistirá
    íntegramente.
  7. De ningún modo Dios remite la culpa a
    nadie, sin que al mismo tiempo lo humille y
    lo someta en todas las cosas al sacerdote,
    su vicario.
  8. Los cánones penitenciales han sido impuestos
    únicamente a los vivientes y nada
    debe ser impuesto a los moribundos basándose
    en los cánones.
  1. Por ello, el Espíritu Santo nos beneficia en
    la persona del Papa, quien en sus decretos
    siempre hace una excepción en caso de
    muerte y de necesidad.
  2. Mal y torpemente proceden los sacerdotes
    que reservan a los moribundos penas canónicas
    en el purgatorio.
  3. Esta cizaña, cual la de transformar la pena
    canónica en pena para el purgatorio, parece
    por cierto haber sido sembrada mientras
    los obispos dormían.
  4. Antiguamente las penas canónicas no se
    imponían después sino antes de la absolución,
    como prueba de la verdadera contrición.
  5. Los moribundos son absueltos de todas sus
    culpas a causa de la muerte y ya son muertos
    para las leyes canónicas, quedando de
    derecho exentos de ellas.
  6. Una pureza o caridad imperfectas traen
    consigo para el moribundo, necesariamente,
    gran miedo; el cual es tanto mayor
    cuanto menor sean aquéllas.
  7. Este temor y horror son suficientes por sí
    solos (por no hablar de otras cosas) para
    constituir la pena del purgatorio, puesto
    que están muy cerca del horror de la desesperación.
  8. Al parecer, el infierno, el purgatorio y el
    cielo difieren entre sí como la desesperación,
    la cuasi desesperación y al seguridad
    de la salvación.
  9. Parece necesario para las almas del purgatorio
    que a medida que disminuya el
    horror, aumente la caridad.
  10. Y no parece probado, sea por la razón o por
    las Escrituras, que estas almas estén excluidas
    del estado de mérito o del crecimiento
    en la caridad.
  11. Y tampoco parece probado que las almas
    en el purgatorio, al menos en su totalidad,
    tengan plena certeza de su bienaventuranza
    ni aún en el caso de que nosotros podamos
    estar completamente seguros de ello.
  12. Por tanto, cuando el Papa habla de remisión
    plenaria de todas las penas, significa
    simplemente el perdón de todas ellas, sino
    solamente el de aquellas que él mismo impuso.
  1. En consecuencia, yerran aquellos predicadores
    de indulgencias que afirman que el
    hombre es absuelto a la vez que salvo de
    toda pena, a causa de las indulgencias del
    Papa.
  2. De modo que el Papa no remite pena alguna
    a las almas del purgatorio que, según los
    cánones, ellas debían haber pagado en esta
    vida.
  3. Si a alguien se le puede conceder en todo
    sentido una remisión de todas las penas, es
    seguro que ello solamente puede otorgarse
    a los más perfectos, es decir, muy pocos.
  4. Por esta razón, la mayor parte de la gente
    es necesariamente engañada por esa indiscriminada
    y jactanciosa promesa de la liberación
    de las penas.
  5. El poder que el Papa tiene universalmente
    sobre el purgatorio, cualquier obispo o cura
    lo posee en particular sobre su diócesis o
    parroquia.
  6. Muy bien procede el Papa al dar la remisión
    a las almas del purgatorio, no en virtud
    del poder de las llaves (que no posee),
    sino por vía de la intercesión.
  7. Mera doctrina humana predican aquellos
    que aseveran que tan pronto suena la moneda
    que se echa en la caja, el alma sale volando.
  8. Cierto es que, cuando al tintinear, la moneda
    cae en la caja, el lucro y la avaricia pueden
    ir en aumento, más la intercesión de la
    Iglesia depende sólo de la voluntad de Dios.
  9. ¿Quién sabe, acaso, si todas las almas del
    purgatorio desean ser redimidas? Hay que
    recordar lo que, según la leyenda, aconteció
    con San Severino y San Pascual.
  10. Nadie está seguro de la sinceridad de su
    propia contrición y mucho menos de que
    haya obtenido la remisión plenaria.
  11. Cuán raro es el hombre verdaderamente
    penitente, tan raro como el que en verdad
    adquiere indulgencias; es decir, que el tal
    es rarísimo.
  12. Serán eternamente condenados junto con
    sus maestros, aquellos que crean estar seguros
    de su salvación mediante una carta
    de indulgencias.
  1. Hemos de cuidarnos mucho de aquellos
    que afirman que las indulgencias del Papa
    son el inestimable don divino por el cual el
    hombre es reconciliado con Dios.
  2. Pues aquellas gracias de perdón sólo se
    refieren a las penas de la satisfacción sacramental,
    las cuales han sido establecidas
    por los hombres.
  3. Predican una doctrina anticristiana aquellos
    que enseñan que no es necesaria la
    contrición para los que rescatan almas o
    confessionalia.
  4. Cualquier cristiano verdaderamente arrepentido
    tiene derecho a la remisión plenaria
    de pena y culpa, aun sin carta de indulgencias.
  5. Cualquier cristiano verdadero, sea que esté
    vivo o muerto, tiene participación en todos
    lo bienes de Cristo y de la Iglesia; esta participación
    le ha sido concedida por Dios,
    aun sin cartas de indulgencias.
  6. No obstante, la remisión y la participación
    otorgadas por el Papa no han de menospreciarse
    en manera alguna, porque, como ya
    he dicho, constituyen un anuncio de la remisión
    divina.
  7. Es dificilísimo hasta para los teólogos más
    brillantes, ensalzar al mismo tiempo, ante
    el pueblo. La prodigalidad de las indulgencias
    y la verdad de la contrición.
  8. La verdadera contrición busca y ama las
    penas, pero la profusión de las indulgencias
    relaja y hace que las penas sean odiadas;
    por lo menos, da ocasión para ello.
  9. Las indulgencias apostólicas deben predicarse
    con cautela para que el pueblo no
    crea equivocadamente que deban ser preferidas
    a las demás buenas obras de caridad.
  10. Debe enseñarse a los cristianos que no es la
    intención del Papa, en manera alguna, que
    la compra de indulgencias se compare con
    las obras de misericordia.
  11. Hay que instruir a los cristianos que aquel
    que socorre al pobre o ayuda al indigente,
    realiza una obra mayor que si comprase indulgencias.
  12. Porque la caridad crece por la obra de caridad
    y el hombre llega a ser mejor; en cambio, no lo
    es por las indulgencias, sino a lo
    mas, liberado de la pena.
  1. Debe enseñarse a los cristianos que el que
    ve a un indigente y, sin prestarle atención,
    da su dinero para comprar indulgencias, lo
    que obtiene en verdad no son las indulgencias
    papales, sino la indignación de Dios.
  2. Debe enseñarse a los cristianos que, si no
    son colmados de bienes superfluos, están
    obligados a retener lo necesario para su casa
    y de ningún modo derrocharlo en indulgencias.
  3. Debe enseñarse a los cristianos que la
    compra de indulgencias queda librada a la
    propia voluntad y no constituye obligación.
  4. Se debe enseñar a los cristianos que, al
    otorgar indulgencias, el Papa tanto más necesita
    cuanto desea una oración ferviente
    por su persona, antes que dinero en efectivo.
  5. Hay que enseñar a los cristianos que las
    indulgencias papales son útiles si en ellas
    no ponen su confianza, pero muy nocivas
    si, a causa de ellas, pierden el temor de
    Dios.
  6. Debe enseñarse a los cristianos que si el
    Papa conociera las exacciones de los predicadores
    de indulgencias, preferiría que la
    basílica de San Pedro se redujese a cenizas
    antes que construirla con la piel, la carne y
    los huesos de sus ovejas.
  7. Debe enseñarse a los cristianos que el Papa
    estaría dispuesto, como es su deber, a dar
    de su peculio a muchísimos de aquellos a
    los cuales los pregoneros de indulgencias
    sonsacaron el dinero aun cuando para ello
    tuviera que vender la basílica de San Pedro,
    si fuera menester.
  8. Vana es la confianza en la salvación por
    medio de una carta de indulgencias, aunque
    el comisario y hasta el mismo Papa pusieran
    su misma alma como prenda.
  9. Son enemigos de Cristo y del Papa los que,
    para predicar indulgencias, ordenan suspender
    por completo la predicación de la
    palabra de Dios en otras iglesias.
  10. Oféndese a la palabra de Dios, cuando en
    un mismo sermón se dedica tanto o más
    tiempo a las indulgencias que a ella.
  11. Ha de ser la intención del Papa que si las
    indulgencias (que muy poco significan) se
    celebran con una campana, una procesión y
    una ceremonia, el evangelio (que es lo más
    importante)deba predicarse con cien campanas,
    cien procesiones y cien ceremonias.
  1. Los tesoros de la iglesia, de donde el Papa
    distribuye las indulgencias, no son ni suficientemente
    mencionados ni conocidos entre
    el pueblo de Dios.
  2. Que en todo caso no son temporales resulta
    evidente por el hecho de que muchos de los
    pregoneros no los derrochan, sino más bien
    los atesoran.
  3. Tampoco son los méritos de Cristo y de los
    santos, porque éstos siempre obran, sin la
    intervención del Papa, la gracia del hombre
    interior y la cruz, la muerte y el infierno del
    hombre exterior.
  4. San Lorenzo dijo que los tesoros de la iglesia
    eran los pobres, mas hablaba usando el
    término en el sentido de su época.
  5. No hablamos exageradamente si afirmamos
    que las llaves de la iglesia (donadas
    por el mérito de Cristo) constituyen ese tesoro.
  6. Esta claro, pues, que para la remisión de las
    penas y de los casos reservados, basta con
    la sola potestad del Papa.
  7. El verdadero tesoro de la iglesia es el sacrosanto
    evangelio de la gloria y de la gracia de
    Dios.
  8. Empero este tesoro es, con razón, muy
    odiado, puesto que hace que los primeros
    sean postreros.
  9. En cambio, el tesoro de las indulgencias,
    con razón, es sumamente grato, porque
    hace que los postreros sean primeros.
  10. Por ello, los tesoros del evangelio son redes
    con las cuales en otros tiempos se pescaban
    a hombres poseedores de bienes.
  11. Los tesoros de las indulgencias son redes
    con las cuales ahora se pescan las riquezas
    de los hombres.
  12. Respecto a las indulgencias que los predicadores
    pregonan con gracias máximas, se
    entiende que efectivamente lo son en cuanto
    proporcionan ganancias.
  13. No obstante, son las gracias más pequeñas
    en comparación con la gracia de Dios y la
    piedad de la cruz.
  1. Los obispos y curas están obligados a admitir
    con toda reverencia a los comisarios de
    las indulgencias apostólicas.
  2. Pero tienen el deber aún más de vigilar con
    todos sus ojos y escuchar con todos sus oídos,
    para que esos hombres no prediquen
    sus propios ensueños en lugar de lo que el
    Papa les ha encomendado.
  3. Quién habla contra la verdad de las indulgencias
    apostólicas, sea anatema y maldito.
  4. Mas quien se preocupa por los excesos y
    demasías verbales de los predicadores de
    indulgencias, sea bendito.
  5. Así como el Papa justamente fulmina excomunión
    contra los que maquinan algo,
    con cualquier artimaña de venta en perjuicio
    de las indulgencias.
  6. Tanto más trata de condenar a los que bajo
    el pretexto de las indulgencias, intrigan en
    perjuicio de la caridad y la verdad.
  7. Es un disparate pensar que las indulgencias
    del Papa sean tan eficaces como para que
    puedan absolver, para hablar de algo imposible,
    a un hombre que haya violado a la
    madre de Dios.
  8. Decimos por el contrario, que las indulgencias
    papales no pueden borrar el más leve
    de los pecados veniales, en concierne a la
    culpa.
  9. Afirmar que si San Pedro fuese Papa hoy,
    no podría conceder mayores gracias, constituye
    una blasfemia contra San Pedro y el
    Papa.
  10. Sostenemos, por el contrario, que el actual
    Papa, como cualquier otro, dispone de mayores
    gracias, saber: el evangelio, las virtudes
    espirituales, los dones de sanidad, etc.,
    como se dice en 1ª de Corintios 12.
  11. Es blasfemia aseverar que la cruz con las
    armas papales llamativamente erecta,
    equivale a la cruz de Cristo.
  12. Tendrán que rendir cuenta los obispos,
    curas y teólogos, al permitir que charlas tales
    se propongan al pueblo.
  13. Esta arbitraria predicación de indulgencias
    hace que ni siquiera, aun para personas
    cultas, resulte fácil salvar el respeto que se
    debe al Papa, frente a las calumnias o preguntas
    indudablemente sutiles de los laicos.
  1. Por ejemplo: ¿Por qué el Papa no vacía el
    purgatorio a causa de la santísima caridad
    y la muy apremiante necesidad de las almas,
    lo cual sería la más justa de todas las
    razones si él redime un número infinito de
    almas a causa del muy miserable dinero
    para la construcción de la basílica, lo cual
    es un motivo completamente insignificante?
  2. Del mismo modo: ¿Por qué subsisten las
    misas y aniversarios por los difuntos y por
    qué el Papa no devuelve o permite retirar
    las fundaciones instituidas en beneficio de
    ellos, puesto que ya no es justo orar por los
    redimidos?
  3. Del mismo modo: ¿Qué es esta nueva piedad
    de Dios y del Papa, según la cual conceden
    al impío y enemigo de Dios, por medio
    del dinero, redimir un alma pía y amiga
    de Dios, y por que no la redimen más bien,
    a causa de la necesidad, por gratuita caridad
    hacia esa misma alma pía y amada?
  4. Del mismo modo: ¿Por qué los cánones
    penitenciales que de hecho y por el desuso
    desde hace tiempo están abrogados y
    muertos como tales, se satisfacen no obstante
    hasta hoy por la concesión de indulgencias,
    como si estuviesen en plena vigencia?
  5. Del mismo modo: ¿Por qué el Papa, cuya
    fortuna es hoy más abundante que la de los
    más opulentos ricos, no construye tan sólo
    una basílica de San Pedro de su propio dinero,
    en lugar de hacerlo con el de los pobres
    creyentes?
  6. Del mismo modo: ¿Qué es lo que remite el
    Papa y qué participación concede a los que
    por una perfecta contrición tienen ya derecho
    a una remisión y participación plenarias?
    88. Del mismo modo: ¿Que bien mayor podría
    hacerse a la iglesia si el Papa, como lo hace
    ahora una vez, concediese estas remisiones
    y participaciones cien veces por día a cualquiera
    de los creyentes?
  7. Dado que el Papa, por medio de sus indulgencias,
    busca más la salvación de las almas
    que el dinero, ¿por qué suspende las
    cartas e indulgencias ya anteriormente
    concedidas, si son igualmente eficaces?
  8. Reprimir estos sagaces argumentos de los
    laicos sólo por la fuerza, sin desvirtuarlos
    con razones, significa exponer a la Iglesia y
    al Papa a la burla de sus enemigos y contribuir
    a la desdicha de los cristianos.
  1. Por tanto, si las indulgencias se predicasen
    según el espíritu y la intención del Papa,
    todas esas objeciones se resolverían con facilidad
    o más bien no existirían.
  2. Que se vayan, pues todos aquellos profetas
    que dicen al pueblo de Cristo: «Paz, paz»; y
    no hay paz.
  3. Que prosperen todos aquellos profetas que
    dicen al pueblo: «Cruz, cruz» y no hay cruz.
  4. Es menester exhortar a los cristianos que se
    esfuercen por seguir a Cristo, su cabeza, a
    través de penas, muertes e infierno.
  5. Y a confiar en que entrarán al cielo a través
    de muchas tribulaciones, antes que por la
    ilusoria seguridad de paz.

Wittenberg, 31 de octubre de 1517.

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