Desde el principio, el bien y el mal coexisten y luchan por dominar el corazón humano.

Jesús, a través de las parábolas del trigo y la cizaña y de la red con los peces, nos enseña que ambos crecerán juntos hasta el fin, pero llegará el día en que Dios separará lo bueno de lo malo.

El campo de batalla es nuestra mente: allí decidimos qué sembrar y a quién servir.

Dios nos da libertad para elegir, pero también nos advierte: “Escoge, pues, la vida” (Deut. 30:19)

Solo en Cristo hay salvación, perdón y victoria sobre el mal, porque “en ningún otro hay salvación” (Hech. 4:12)

Elige el bien, elige la vida, elige a Cristo.

Negarse a si mismo. Mateo 16:24 (NVI) “Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme.”